Lo que es “escribir” y lo que es “negocio”
Abril 4, 2008
Interesantes declaraciones las de la escritora Tracy Chevalier, en las que, a través de una sociedad de autores (¿les suena la expresión?) que supuestamente vela por los intereses de los mismos, la autora de “La joven de la perla” afirma que muchos escritores “abandonarán la profesión” (vamos, que dejarán de escribir) por culpa de la piratería de libros digitales en Internet. Interesantes porque dicen mucho de la persona que las expresa.
Dejándo aparte cuestiones ya muy comentadas sobre si se nos debe denominar “piratas” de manera tan alegre y con tan poco conocimiento a aquellos que compartimos y divulgamos cultura sin ningún ánimo de lucro, me gustaría ahondar un poco en la duda de si un escritor deja de escribir por tener problemas en vender sus obras. ¿Estamos en ese caso ante un auténtico escritor? ¿Eran Shakespeare y Cervantes millonarios?
No, un escritor no deja de escribir por ganar más o menos dinero. Todo lo contrario, pierde dinero, horas de su sueño y salud con tal de escribir. La pasión por escribir, señora Chevalier, es tan necesaria para un escritor de verdad como el aire que respira, una necesidad más de su persona. El escritor de verdad, vocacional, poco menos que no concibe su vida sin reflejar en un papel o en una pantalla de PC sus pensamientos, vivencias o ideas. Y luego está el negocio.
Negocio, señora Chevalier, del que usted parece saber muy poco a tenor de sus declaraciones y a la manera tan burda de expresarlas, por otra parte (lo de la “presa que se quiebra” nos parece una muy desafortunada comparación).
A escritores como Stephen King, J. K. Rowling o Vazquez Figueroa, por citar algunos de los que me acaban de venir a la mente, la cartera no les tiembla lo más mínimo porque yo me descargue uno de sus libros en la web de manera gratuita. Al contrario, les favorece, porque contribuyo a la difusión de su obra sin gastos publicitarios.
La gran realidad oculta para usted, es que la gente que adora a estos u otro autores, se compran sus libros aunque se los hayan descargado por Internet. Sí, señora Chevalier, como lo oye. Si usted fuera una buena lectora, sabría, intuiría al menos, que el parque de lectores-compradores no se ve disminuido por la proliferación de libros digitales: los lectores habituales queremos oler la tinta sobre el papel al abrir nuestro libro, abrazarlo al leer en la cama, sentir su reconfortante peso en las manos y exibirlo en nuestra biblioteca para verlo envejecer junto a nosotros. Usted sabe muy poco sobre libros y lectores al hacer esas manifestaciones. Y hablando de bibliotecas, ¿cerramos también las bibliotecas públicas, señora Chevalier?
También demuestra tener pocos conocimientos de su entorno artístico y de sus compañeros al generalizar de esa manera: Yo mismo me incluyo perfectamente entre esos escritores de los que habla, y ya ve que no estoy en absoluto de acuerdo con usted, ni escribo para ganar dinero.
Por otra parte, los libros digitales tienen la maravillosa peculiaridad de que pueden acercar al mundo de la lectura a jóvenes que de otra manera jamás hubieran leido una página impresa por placer. Aprovechemos este filón para seguir haciendo negocio, por qué no; pero no temamos ni demonicemos un medio de difusión solo porque lo desconocemos profundamente, señora Chevalier.
Publicado por El Clan
“Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo (…) ¿Qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Qué hartón de canón, oigan…
EMI, una de las majors en el negocio de la música, ha dicho basta. Entre las decisiones de su nueva política de empresa, tras ser recientemente adquirida por el grupo británico Terra Firmalas, está la de dejar de abonar cuota a asociaciones del tipo RIAA o IFPI, que representan a la industria del disco contra la piratería; lo que constituye una noticia pésima para dichas asociaciones, que se lucran gracias a la llamada “lucha contra la piratería”.
Será el sábado 24 de noviembre cuando un grupo de colectivos (artistas, internautas y pequeñas empresas) afectados por las acciones de determinadas entidades de gestión de derechos de autor se reunirán en Barcelona, en una jornada de debate y reflexión titulada Albedrío: por una cultura libre.

No tenemos palabras para expresar la gratitud que sentimos hacia David Bravo, este pedazo de abogado sevillano y lo que está consiguiendo con su esfuerzo, trabajo, valentía y profundos conocimientos sobre todo lo relacionado con la sociedad de la información.