Permítanme que me RIAA
Abril 29, 2008
La historia de Tanya Andersen, una discapacitada (aunque muy capacitada) estadounidense, no tiene desperdicio: fue denunciada por la RIAA (Sociedad de derechos de autor) por descargarse música de manera “ilegal”. Amenazada por esta asociación, se le dió la “oportunidad” de pagar una pequeña multa de entre 4.000 y 5.000 dólares para verse libre de la demanda que la obligaría a afrontar una multa mayor, de cientos de miles de dólares por los perjuicios causados a la industria al haberse descargado música.
Tanya, (cuya discapacidad no conocemos pero sí tenemos claro que los debe tener bien puestos) optó por ir a juicio antes que pagar los 4.000 dólares para llegar a un acuerdo. Los abogados de la RIAA no parecen tenerlos tan bien puestos como ella, porque le propusieron retirar la demanda si nuestra heroína acordaba no emprender acciones legales contra ellos. Tanya no aceptó y la RIAA fue condenada a abonar los costes del juicio, alrededor de 300.000 dólares.
No contenta con esto, Tanya contratacó demandando la RIAA, la SSC, MediaSentry, Warner Music Group, EMI Group, Sony BMG Music Entertainment, y Universal Music, al considera que los datos recopilados por MediaSentry por encargo de la RIAA y que sirvieron para iniciar la campaña de acoso judicial contra particulares podían contener errores que pueden haber llevado a acusar de forma errónea a unas 8.000 personas. Además, los abogados de Tanya van a denunciar a la RIAA por cargo de conspiración, negligencia y abuso en proceso judicial, solicitando 5 millones de dólares de compensación.
La RIAA puede verse atrapada por la misma campaña judicial que inició, ha conseguido la antipatía de millones de usuarios en todo el mundo y puede verse condenada a desembolsar millones de dólares, para aderezar su ridículo más absoluto. El cazador cazado.
Artículo de Business Week traducido en GurusBlog.
Publicado por El Clan
Interesantes
“Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo (…) ¿Qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
No lo decimos nosotros, lo afirma Pedro Martínez, ex fiscal de delitos laborales de Madrid.
Leíamos hace recientes fechas unas declaraciones (lamentamos no disponer del enlace) de la cantante Chenoa en las que aseguraba “no saber descargarse una canción de Internet”, en clara alusión a su posición frontal contra el intercambio legal de archivos entre personas en la Red.
EMI, una de las majors en el negocio de la música, ha dicho basta. Entre las decisiones de su nueva política de empresa, tras ser recientemente adquirida por el grupo británico Terra Firmalas, está la de dejar de abonar cuota a asociaciones del tipo RIAA o IFPI, que representan a la industria del disco contra la piratería; lo que constituye una noticia pésima para dichas asociaciones, que se lucran gracias a la llamada “lucha contra la piratería”.
El Ministerio de Cultura se ha quedado absolutamente solo a la hora de defender un canon indefendible y a una entidad (SGAE) que no sólo se ha convertido en una de las más antipáticas e impopulares del país, sino que además arrastra (y arrastrará) con la Justicia diversos problemas derivados de su autofinanciación y del reparto de beneficios entre sus socios (…).