Diario El País: dos maneras diferentes de hacer el ridículo

Primero dan una noticia teñida de parcialidad y de obediencia debida a Promusicae: “España, el paraíso de la piratería musical“; la cual no podemos enlazar porque ya no existe en elpais.com (para una vez que los íbamos a linkar), en la que pergeñan un ruborizante artículo, criminalizando a millones de españoles de todo tipo: jovenes, mayores, universitarios, niños, niñas, padres de familia que pagan sus impuestos (y su canon digital), llamándoles piratas que realizan actividades ilegales.

Y luego, ante la marea de indignación provocada, y seguramente dándose cuenta de que no debe estar muy bien del todo tacharnos de criminales a cientos de miles de ciudadanos, por muy pocos escrúpulos que se tengan y por muy de Prisa que se escriba, alguien con mando en el diario, se hace caquita y manda rectificar el artículo: donde dije digo, digo Diego; donde decíamos piratas, ahora escribimos intercambio de archivos.

Amigos de El País: con esta rectificación tan falsa, en la que además no piden ningún tipo de disculpa, solo consiguen hacer el ridículo nuevamente, y esta vez de manera aún más espantosa.

No se vistan ahora de corderitos, que ya les tenemos el plumero más que visto.

La moda del cambio climático: El ridículo más absoluto

¿Nadie se detiene a pensar lo manifiestamente ridículos que se muestran, en sus actos y manifestaciones, los que se posicionan de manera tan progresista y desprendida contra el “cambio climático”? Ya saben, ese fenómeno que nos han contado los medios de comunicación y los políticos, en forma de inexorable axioma, sobre lo que se avecina para la raza humana en unos años… Esa nueva forma de religión cuyo Papa absoluto es Mr. Al Gore, señor que vuela en jet privado, recorre avenidas en limusina y cuya mansión consume más energía que todo el bloque de viviendas en el que vivo. Un señor que se está cubriendo muy bien el riñón ofreciendo carísimas conferencias a lo largo del Globo, por otra parte.

En esta bitácora, nos resultan ridículas la propaganda tremendista y generalizada que se está vendiendo desde diversos sectores, con informaciones como las aparecidas en diversos sitios webs, alarmantes noticias que llegan desde las negociaciones sobre el cambio climático en Bali, donde EEUU, Canadá y Japón se oponen a un tratado que salvará a la Tierra…

Nos produce una irónica risa leer en Ecosistema urbano que: “Los países ricos habían accedido a reducir drásticamente sus emisiones contaminantes para el 2020, pero otros grandes países en desarrollo, como China y la India, no se comprometerán hasta que no lo hagan todos los países desarrollados”.
Es decir, queda claro que el cambio climático es, básicamente, un problema de ricos. De gente occidental que trabaja y tiene la fortuna de hacer cuatro comidas diarias… Como usted que lee esto, como yo, como Al Gore. Miedos de personas que tenemos el estómago lleno y la oportunidad de permitirnos el lujo de pensar en otras cosas.

Porque ahora mismo en la Tierra, hay niños (y sus respectivos padres) que se están literalmente muriendo de hambre y sed y a los que estas gilipolleces sobre el cambio climático les deben parecer lo que son: Problemas de gente rica y bien alimentada. A estas personas que no tienen el estómago lleno como usted y como yo, les importa una mierda que las costumbres migratorias de muchas especies de aves esten cambiando, de hecho les trae al pairo que la Tierra quede asolada dentro de 30 años. Su prioridad se centra en sobrevivir hoy mismo. En vivir un día más.

¿Estoy haciendo demagogia? Por supuesto que sí. Posiblemente la misma demagogia que hacen todas estas plataformas contra el cambio climático. Por desgracia, mientras los habitantes de primer nivel en la Tierra (usted, yo) elucubramos sobre futuros desastres que han de llegar en veinte o treinta años, la gente en el planeta se sigue muriendo de hambre y sed en este mismo instante, hoy, ahora.

Pueden estar tranquilos, el cambio climático se solucionará (¿alguien se acuerda del agujero en la capa de ozono?), es un problema de gente con pasta, así que se encontrará la solución. Pero como diría Manuel Toharia, hay un problema más inmediato, el de la gente que muere ahora de hambre, y seguirá haciéndolo dentro de treinta años.

Carta abierta de David Bravo al ministro de Cultura

Sr. Ministro:

Como nuevo encargado del Ministerio de Cultura, me gustaría hacerle algunas consideraciones a propósito de las campañas educativas y de concienciación que realizan ustedes todas las navidades sobre las maldades de las descargas de Internet.

El motivo de mi carta es pedirle que, por favor, este año no me conciencien más. La verdad es que me preocupa, como a todos, las grandes pérdidas del sector discográfico y audiovisual. El día que el director de Fedicine dijo que “se están despidiendo ejecutivos” por culpa de los piratas y que esto es “un drama muy grave”, apenas pude conciliar el sueño. No hay nada que me de más miedo que un montón de ejecutivos caminando sueltos por las calles sin nada con lo que entretenerse.

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Los verdaderos amos del mundo

Leemos en SytiNet (sin fecha, pero suponemos que de escritura reciente) y con la firma de Sylvain Timsit, una inquietante reflexión sobre el fin de la democracia que comienza a barruntarse y los porqués y motivos de esta situación. Artículo quizá en tono apocalíptico (sólo quizá), con diez puntos bien documentados que llevan a la reflexión.
Una visión actual, crítica y pesimista sobre gobiernos desprovistos de poder real en la toma de decisiones, corporaciones que sostienen el verdadero mango de la sartén y poderes mediáticos adiestrados y manipulados, así como la amenaza en el horizonte del futuro desastre insosteniblemente ecológico que se avecina.

De recomendable lectura.

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El negocio de los medios

Cuanto más televisión ves, menos te enteras de lo que pasa”, es el título de un libro reciente. Con los medios audiovisuales tenemos un exceso de información sobre las cosas más inverosímiles… menos las verdaderamente importantes y, además, recibir tanta información y a tanta velocidad, nos impide su digestión, ponerla en un contexto esclarecedor. Hay mucha información pero cada vez menos análisis. Pero la segunda manera de favorecer a los poderes es la censura.

La censura siempre ha existido. Todos los poderes han querido no solo controlar la realidad sino su interpretación. Todos los poderes requieren, en algún momento de su ejecutoria, que se haga silencio sobre ella, como manera de conseguir esa impunidad que necesitan con harta frecuencia. Los poderes tratan de que no se publiquen las noticias que les perjudican. Y si no hay más remedio tratan de darles la vuelta, en ese arte del “spin”, del maquillaje de la información, que es hoy una asignatura de tantos curricula periodísticos. Tal y como funciona la manipulación mediática, más de la mitad de los licenciados consiguen trabajo en gabinetes de imagen, en relaciones públicas, en suma, en el arte de la manipulación.

Alberto Moncada
Rebelión

Ver artículo completo en Rebelion.Org

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