La moda del cambio climático: El ridículo más absoluto

¿Nadie se detiene a pensar lo manifiestamente ridículos que se muestran, en sus actos y manifestaciones, los que se posicionan de manera tan progresista y desprendida contra el “cambio climático”? Ya saben, ese fenómeno que nos han contado los medios de comunicación y los políticos, en forma de inexorable axioma, sobre lo que se avecina para la raza humana en unos años… Esa nueva forma de religión cuyo Papa absoluto es Mr. Al Gore, señor que vuela en jet privado, recorre avenidas en limusina y cuya mansión consume más energía que todo el bloque de viviendas en el que vivo. Un señor que se está cubriendo muy bien el riñón ofreciendo carísimas conferencias a lo largo del Globo, por otra parte.

En esta bitácora, nos resultan ridículas la propaganda tremendista y generalizada que se está vendiendo desde diversos sectores, con informaciones como las aparecidas en diversos sitios webs, alarmantes noticias que llegan desde las negociaciones sobre el cambio climático en Bali, donde EEUU, Canadá y Japón se oponen a un tratado que salvará a la Tierra…

Nos produce una irónica risa leer en Ecosistema urbano que: “Los países ricos habían accedido a reducir drásticamente sus emisiones contaminantes para el 2020, pero otros grandes países en desarrollo, como China y la India, no se comprometerán hasta que no lo hagan todos los países desarrollados”.
Es decir, queda claro que el cambio climático es, básicamente, un problema de ricos. De gente occidental que trabaja y tiene la fortuna de hacer cuatro comidas diarias… Como usted que lee esto, como yo, como Al Gore. Miedos de personas que tenemos el estómago lleno y la oportunidad de permitirnos el lujo de pensar en otras cosas.

Porque ahora mismo en la Tierra, hay niños (y sus respectivos padres) que se están literalmente muriendo de hambre y sed y a los que estas gilipolleces sobre el cambio climático les deben parecer lo que son: Problemas de gente rica y bien alimentada. A estas personas que no tienen el estómago lleno como usted y como yo, les importa una mierda que las costumbres migratorias de muchas especies de aves esten cambiando, de hecho les trae al pairo que la Tierra quede asolada dentro de 30 años. Su prioridad se centra en sobrevivir hoy mismo. En vivir un día más.

¿Estoy haciendo demagogia? Por supuesto que sí. Posiblemente la misma demagogia que hacen todas estas plataformas contra el cambio climático. Por desgracia, mientras los habitantes de primer nivel en la Tierra (usted, yo) elucubramos sobre futuros desastres que han de llegar en veinte o treinta años, la gente en el planeta se sigue muriendo de hambre y sed en este mismo instante, hoy, ahora.

Pueden estar tranquilos, el cambio climático se solucionará (¿alguien se acuerda del agujero en la capa de ozono?), es un problema de gente con pasta, así que se encontrará la solución. Pero como diría Manuel Toharia, hay un problema más inmediato, el de la gente que muere ahora de hambre, y seguirá haciéndolo dentro de treinta años.

Los verdaderos amos del mundo

Leemos en SytiNet (sin fecha, pero suponemos que de escritura reciente) y con la firma de Sylvain Timsit, una inquietante reflexión sobre el fin de la democracia que comienza a barruntarse y los porqués y motivos de esta situación. Artículo quizá en tono apocalíptico (sólo quizá), con diez puntos bien documentados que llevan a la reflexión.
Una visión actual, crítica y pesimista sobre gobiernos desprovistos de poder real en la toma de decisiones, corporaciones que sostienen el verdadero mango de la sartén y poderes mediáticos adiestrados y manipulados, así como la amenaza en el horizonte del futuro desastre insosteniblemente ecológico que se avecina.

De recomendable lectura.

Leer artículo…

Miedo a Google

Supongo que a ustedes no les pasa, pero yo soy un sujeto bastante paranóico, a lo que añado un estado de hipocondria que ralla niveles enfermizos.
A mí el buscador de recursos en Internet más importante del planeta sí que me aterra.

Me inquietan esos mapas por satélite cuyo ojo escrutador llega a cualquier sitio de la Tierra, de tal forma que enfoca su lente cuando tomamos el sol en la azotea en pelota picada y proyecta la imagen al resto del globo sin pedir permiso. Eso, sumado a las conspiparanoías que aseguran que Google modifica en sus mapas detalles de determinadas “zonas protegidas”, lo que ya de por sí podría resultar delicado, pero que se agrava cuando además supone un claro agravio comparativo hacia la privacidad de mi culo, que por contra está expuesto al mundo si lo pongo al sol en mi propiedad.
Qué quieren que les diga: a mí lo de Google maps me suena a novela de George Orwell.

Me atemorizan ese salpicar de inquietantes informaciones sobre “robots rastreadores“; Y Google News, con toda la información… que Google quiere y cómo y cuando Google dice. Los empresarios totalmente alienados que dan el nombre del buscador a su negocio ; Y esos inquietantes videos vaticinadores sobre su evolución a Prometeus, y lo que nos depara el futuro más próximo…

Pero lo que ha colmado mi vaso de paranoía, la última reflexión que me ha dejado definitivamente aterrorizado, la encuentro en un reportaje en Techlosofy, donde se preguntan si Google esta reemplazando nuestra memoria
Google, la Web 2.0, incluso la 3.0 que ya se apunta por ahí, atrofian nuestra memoria, y nos vuelven dependientes hasta el punto de poder hacerse cargo de nuestros recuerdos.

Quería ilustrar este post con algún otro enlace relativo al tema que he leído por ahí, pero no  recuerdo dónde… Buscaré en Google…

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