Carta abierta a “Ramoncín”, ex-directivo de la SGAE y antíguo músico.

Por edad (y eso que me ha salido la primera cana) no tuve la oportunidad de disfrutar de su música, Ramón, aunque me cuentan que llegó usted a ser rey del pollo frito y también me informo de que en estos momentos, también ex-directivo de la Sgae… Pero sí soy de los que ha tenido que sufrir su época como directivo de dicha corporación privada. Leo que deja el cargo y, en su habitual estilo docente, lo hace despachándose con algunas perlitas aquí y allá, regalándonos otra vez apuntes de lo más variopinto, fruto de su extensísima experiencia vital (ya le digo, si yo peino canas y su música me queda antígua… extensísima) y la vasta cultura que estoy seguro atesora, sobre todo en lo que se refiere al mundo digital.

De entrada, en la entrevista concedida a Autor Autor nos deja un impecable titular: “Cuando entramos, la SGAE recaudaba poco y mal. Hoy recauda mucho y bien”. Pero vamos a ver… hasta ahí de acuerdo, nada que objetar, Ramón. De hecho, y gracias a la recaudación del canon digital, ese impuesto que me obliga a pagar a una empresa privada cada vez que me compro un CD virgen para guardar las fotos de mis hijos, la empresa privada en cuestión, llamada Sgae, ha batido, en realidad pulverizado, durante los dos últimos ejercícios todos sus records de recaudación anteriores. Eso sí: que recauda mucho, vale, pero “bien” ya no estoy tan de acuerdo, y sospecho que usted en el fondo, muy en el fondo, Ramón, tampoco: Digo yo que algo le debe quedar en las venas de aquella juventud radical y de vanguardia, independientemente progresista que tuvo usted un día… según me contó mi padre… ¿O solo era fachada?

Lo que sí me desagrada es que me llame “pirata“.
Sí, verá usted: Me parece correcto que arremeta contra el top-manta, yo tampoco apoyo tal actividad. Además de ilegal, creo que hay que luchar contra todo tipo de tráfico gestionado por grupos seudo-mafiosos, ya se trate de drogas, copias de CDs de David Bisbal (ese que canta), o de imitaciones de marcas de bolsos como el que cuentan lucía Carmen Calvo, nuestra ex-ministra de Cultura favorita. Pero que use usted la palabra pirata proferida como insulto contra alguien que, como yo, se limita a descargar películas y música (tranquilo, ninguna de sus canciones) y a compartirlas con los demás, dentro del marco legal que me ampara y que asegura que puedo grabar y conservar copias en cualquier tipo de soporte digital, siempre que sea sin ánimo de lucro como es mi caso, me parece de un despropósito total por su parte. A no ser que haga estas manifestaciones desde la más absoluta de las ignorancias en el tema en cuestión, lo cual sería incluso peor.
Dicho esto, sería conveniente recordar que realizo esta actividad de descargas que a usted tanto parece molestarle, abonando religiosamente el canon digital por derechos de autor, de cuyos dividendos usted forzosamente se beneficia, por mucho que asegure que usted no gana “nada”. Usted es un autor o artista suscrito a la Sgae y como tal, esta empresa recauda mi dinero para ustedes. Si usted no esta percibiendo un euro por este concepto, me permito aconsejarle que hable directamente con ellos, y les pregunte dónde está el dinero, porque le aseguro que a mí se me esta cobrando el impuesto religiosamente.

Dice usted que le da “pena la gente que se agacha en el top-manta”. Pues mire a mí tambien, pero no por ese motivo, sino porque me parece una vergüenza que un cd de 12 canciones se venda al precio que se vende, en un formato obsoleto, y que esta persona que se agacha tenga que comprar las doce canciones sí o sí, cuando en realidad sólo le gustan como mucho, dos. Con lo fácil que sería hoy día dar al público lo que quiere mediante esta fantástica herramienta que es Internet y vender por separado las canciones, mediante descargas que usted llamaría “legales”. Yo también llamo legales a las otras… La diferencia es que usted entiende por legal, sólo a aquello por lo que hay que pagar.

Asegura usted que el rock&roll pasa por un momento delicado… Es que tiene usted cada cosa… Si Bruce Springteen, que llena conciertos un dia sí y otro también, le oyera…
El rock&roll y la música en general gozan de una salud excelente. Lo que pasa por un momento realmente delicado es la industria discográfica, que ya no llega a las cifras escandalosas que llegaba. No confunda usted conceptos.

Para ir terminando, felicitarle que tenga en preparación un nuevo disco y pueda dedicarse a lo que se supone es su actividad real, la de ser músico. Supongo que no hará lo de Prince, que regala su último CD a aquellos que van a ver su concierto en vivo, o lo reparte junto con el diario dominical… Esta a tiempo de pensarselo, oiga: el tal Prince gana con esta formula millones de euros, y sin tener que repartir dividendos con discográfica alguna. ¿Ve qué facil? Hagaselo mirar.

Por último, asegura usted que “veo mucha gente con aspecto de auténticos y luego están vendidos a la industria”.

Mire, por fin estamos de acuerdo en algo.

Pero la música gratis… ¿no era ilegal?

Prince imageEsta visto que determinado sector va a tener que buscarse otro slogan, porque el manido “la música se muere”, ya no convence a nadie, si es que lo había conseguido alguna vez.
No tengo constancia de que artistazos como U2, Bruce Springsteeen o The Rolling Stones, por poner sólo unos ejemplos, hayan emitido nunca crítica alguna sobre el libre intercambio de música en la web mediante redes P2P.
¿Y por qué no lo hacen? ¿Por qué los grandes iconos de la música se muestran tan pasivos ante un gigantesco sistema de intercambio de archivos que distribuye la música de manera impúnemente gratuita para cualquier hijo de vecino?

Porque ellos sí venden, a pesar del trasiego de intercambio gratuito de archivos en la red. Porque ellos sí llenan estadios. De hecho porque ahora los llenan mucho más, ya que es mucha más gente la que tiene acceso a su música.

Hablamos de gente como Prince, que por muy excéntrico que lo puedan considerar algunos, resultó ser un genio adelantado a su tiempo. Comenzó con regalar sus discos a todo aquél que acudiera a su gira de conciertos de Londres y ahora ha ido mucho más allá: Su CD “Planet earth”, se distribuirá gratuitamente junto con el ‘Mail On Sunday’. Usted va, se compra el periódico el domingo por la mañana, y con los ojos aún pegados descubre que el kioskero le ha puesto en la mano el último disco de Prince junto con el diario.

Interesante iniciativa que deja con el trasero expuesto al viento a todo aquél que asegura que las descargas “ilegales” en la web estan acabando con la música o el cine.

No, amigos, con lo que se esta acabando es con determinada línea de negocio que ya no convence a nadie y que hasta hace muy poco reportaba estrafalarios beneficios a sólo unos pocos. Mr. Prince hace ya como diez años que se dio cuenta de por dónde irían los tiros. Los que le tachan de pirado, pueden seguir haciéndolo.  Mientras, la industria discográfica sigue su caída en picado (¿recuerdan aquello de “renovarse o morir”? Pues las discográficas aún no se han enterado).  Y mientras, el genio de Minneapolis continúa haciendose multimillonario… regalando sus discos.

Y es que a quién tiene talento de verdad, no le hacen falta recaudadores de canon para poder comer.

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